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HOMBRES

By madohego | Junio 20, 2010

 

Se acostumbra considerar musas naturales a las mujeres y escribirles odas. A los hombres no. Se escucharía raro llamarlos “musos”. En el día del padre quiero honrarlos a todos, también a los que no tienen hijos.

 

Lo que más me gusta de ellos es que existan. Dejan sentir su presencia arrolladora como si no fueran conscientes de ella. Irradian su estar firme y cerrado. Centrados en sí mismos, están conectados con el exterior sin necesariamente abrirse. Son como árboles bien plantados en la tierra; resisten al vendaval, sostienen y mitigan la erosión. Percheros poderosos, portan sobre de sí muchas cosas, inclusive si no les interesan, solamente por demostrar que pueden hacerlo. Les gusta el poder y apoderarse.

 

Son de acción. En lugar de una llamada telefónica, lo que sea, lo prefieren cara a cara. Sienten. Tocan. Exploran. Toman. Los desespera la espera. Ya. ¿Por qué no hoy? Juego. Movimiento. Actividad. Hacer el amor. Hechos. Conquistas. Retos. Hazañas. Negocios. Industria. Combate. Guerra de armas y recursos. El mundo es para dominarlo. Antiguo cazador, vence la dificultad y ofrece la solución. Conquista y destruye, mas no para sí mismo; necesita ofrendarlo, que alguien lo tome y agradezca, que el fruto de su sacrificio perdure y se convierta en legado.

 

Para los hombres, el mundo está ahí para ser dominado y las mujeres para ser seducidas. En ambas situaciones le funcionan a veces la paciencia y otras el asalto, o una combinación de las dos. Igual que resiste a un vendaval, forma él uno particular para su uso y del que se deje, desplegando un amplia gama de recursos: la sonrisa, el toqueteo, los encuentros inesperados, el susurro, el ruego, el beso robado, el fingimiento, la mentira, hacer trampa, el engaño, el disimulo, la debilidad, el desamparo, el grito, la amenaza… todo encaminado al objetivo. En el amor y en la guerra todo se vale.

Certeros. Elocuentes. Hablan más con los ojos que con palabras. Son pródigos y generosos en su mirar. Pueden estremecer el corazón con una mirada. Las tienen de todas clases: tiernas, compasivas, indiferentes, glaciales, iracundas, fulminantes, halagadoras, interesadas, aburridas, disimuladoras, interrogantes, heridas, amorosas, apasionadas, descalzonadoras…

Tacaños en palabras, difícilmente se enganchan en una pelea verbal prolongada, prefieren marcharse y tomar un respiro, cortarla de plano o conducirla a donde puedan ganarla. Impulsados por el poder de sus tres piernas – fuerza muscular, estabilidad por la ausencia de ciclos menstruales y pasión erótica – pasan el efímero tiempo de su existencia revolucionando al mundo y dejando una efervescente estela de renovación a su paso; reinos que emergen y desaparecen, revoluciones políticas, construcciones, carreteras, aeropuertos, proyectos, inventos, obras de arte, mujeres embarazadas, corazones rotos y recuerdos imborrables. 

Conocen sus múltiples personalidades. Si bien todos llevamos dentro más de un yo, los varones lo viven conscientemente; saben que en un tris pueden pasar de una castidad ascética al más libidinoso desenfreno mental, de la indiferencia al arrebato, del apasionamiento al tedio, y viceversa. No fingen lo contrario ni intentan ahogar en sí mismos la pluralidad. Cuando están con los amigos, hablan, ríen y con la mayor naturalidad hacen diferencias entre de un estado transitorio y  otro igualmente pasajero, sin hipocresías moralistas. Son fuego del momento, incendio arrasador que pronto se consume, intervalo entre el arrebato y la calma, estabilidad en el cambio.

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