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PAZ EN UN MUNDO REVUELTO
By madohego | Julio 13, 2010
Soy un varón de 55 años. Tengo una hija de 25 con tendencia ninfómana y bipolar (no es un diagnóstico profesional) madre soltera de una niña de 8 años y un embarazo en progreso de 6 meses, que ha tenido entre 5 y 6 parejas desde que huyó de casa a los 16 y vive provisionalmente en mi casa. Tengo que esperar a que tenga momentos amables para pedirle que coopere en las labores de la casa y se modere en el trato para con su hija, ya que en momentos de ofuscación (son muchitos) se comporta iracunda con todos, con su hija también. Su respuesta es: “máteme”, posteriormente me ”castiga” maltratando más a la niña, y aumenta mi preocupación al pensar qué va a hacer con dos criaturas. En sus momentos amables (son los menos) también es cariñosa y atenta con la niña.
RESPUESTA
Para responder, trato de centrarme en cada uno de los protagonistas y comprender lo que sienten y hacen. Al concentrarme en ti he experimentado un inmenso dolor, junto con una gran decepción y la necesidad de encontrar cuál fue el o los errores y quiénes son los culpables de tal estado de cosas.
Comprendí que si mi percepción coincidiera con lo que tú realmente sientes (nunca puedo estar segura), sería difícil introducir elementos nuevos que posibilitaran un cambio hacia una mayor dicha y satisfacción, pues la atención estaría dirigida más a “lo que debería ser” que a lo que “se puede hacer”.
Entonces me pregunté qué ocasionaba un dolor tan grande frente a unas acciones ajenas, pues no eres tú, sino tu hija, quien está teniendo dificultades para establecer relaciones satisfactorias de pareja.
Quién sabe si estés de acuerdo conmigo en que tu gran amor por ella hace que te importe tanto, pues no sufrirías ni la mitad si se tratara de la hija de un vecino.
Así pues, me pregunté qué posibilidades tiene ese gran amor tuyo de hacer algo en favor de tu hija, no obstante que, desde la perspectiva de la generación joven, parece que estuviera pensando: “Nada sirve de cuanto me enseñaron. No es cierto que sea importante la estabilidad de la familia, eso ni siquiera existe. Mis padres y abuelos fueron tontos en sacrificarse por obtenerla, yo no. Si una pareja me satisface y da felicidad, la tomo; si no es así, la cambio. Lo verdaderamente importante es mi realización personal, lo que a mí me parezca bueno”.
Ciertamente la generación de padres jóvenes deberá vivir su propia ración de frustraciones antes de definir cuáles serán los valores que inculcarán a sus hijos. Están explorando formas nuevas y diferentes de formar sus familias, lo cual implica enormes riesgos personales y sociales. Vista desde este ángulo, tu hija es “hija de su tiempo”.
¿La generación de los ahora abuelos deberíamos disuadirlos? Nos encantaría, y es imposible.
¿Qué nos toca, pues, hacer? Podemos dejar la responsabilidad en manos de los dueños y permitir que experimenten sus fracasos y dolores; lo contrario es gastarnos sin provecho para nadie. Vas a tener que dejar de esperar que tu hija cambie para ser feliz, porque a lo mejor no lo hace. Los años que te quedan de vida podrían ser los mejores si lograras la paz, aunque el mundo siga revuelto.